Después de haber hecho este fin de semana un taller de "escritura creativa" os dejo con un texto que se leyó en el mismo al tratar la técnica de ME GUSTA/ NO ME GUSTA. Iré poniendo mas cosillas sobre el tema. Que lo disfruteis.
«Éstas son algunas de las cosas que me gustan: un potaje de legumbres que
me recuerde la infancia, releer algún fragmento de los Principios metafísicos de
Spinoza en el sillón de orejas tomando un oporto, jugar al póquer con mis
amigos en las tardes del sábado, ver cómo se besan los adolescentes entre los
capós de los coches bajo el clamor de las ambulancias y las sirenas de la
policía, pensar en el mar y en su perfume de algas cuando quedo atrapado en
un atasco de la ciudad, imaginar que no es la CNN la que crea el mundo cada
mañana, sino el canto del mirlo que suena en la acacia. También me gusta el
arroz al horno, el Príncipe de Maquiavelo, la voz de Ray Charles, el retrato de
Un cardenal desconocido pintado por Rafael, el pasodoble Paquito el
Chocolatero que toca una orquestina de verano en cualquier verbena
valenciana, las odas de Horacio, los mercados de frutas y verduras, el contacto
de la piel con la tela de algodón, las primeras brevas de San Juan, los cuentos
de Allan Poe, el pimiento asado sobre el que resbala el aceite de oliva. Me
gusta Ella Fitzgerald y Duke Ellington, las melodías de Irving Berlin y Cole
Porter y las canciones de Nat King Cole, la sobrasada de Mallorca y algunos
versos de Safo, la Metamorfosis de Ovidio los zapatos Timberlan para caminar
y el prólogo al Persiles de Cervantes, el olor a tinta del periódico que se
confunde con el aroma del café en el desayuno y algunos proverbios de
Ramón Llull. Me gusta perder el tiempo hablando con los amigos, apartar el pie
para no pisar una hormiga, no asistir a ningún cóctel, presentación conferencia
ni mesa redonda, andar por la ciudad con las manos en los bolsillos
contemplando los rostros anónimos de la gente mientras imagino la etimología
de ciertas palabras. Me gusta visitar una exposición de pintura en algún museo
el domingo por la mañana, y también pasar la yema de los dedos por los
cantos de un incunable. Me gustan los erizos de mar en enero y el Autorretrato
de Durero en cualquier época del año.
No me gustan las manos blandas y húmedas, las pastelerías con luz de neón,
los que usan bastón sin estar cojos, los granos de arroz dentro del salero, el
helado servido en una copa de metal, los coches con alerones, los pantalones
blancos transparentes, los gritos del megáfono en las tómbolas donde se rifan
muñecos de peluche, los que soplan en la cuchara de la sopa, las cunetas
llenas de papeles y botellas, las vitrinas polvorientas de los bares de carretera
que exhiben productos típicos de la región, los tipos que te hablan muy cerca
de la cara echándote un aliento fétido, los que salen del restaurante con un
palillo en la boca y al pasar junto a tu mesa te dicen: que aproveche, el olor a
margarina asada de las cafeterías, el gracioso que cuenta chistes los viernes
en las cenas de matrimonios. Hay cosas mucho peores. Cada día en la
sobremesa nos sirven en directo los mejores crímenes contra la humanidad.
Un ciudadano moderno es aquél que puede digerir perfectamente al mismo
tiempo lenguados a la plancha e imágenes de cuerpos masacrados, sorbetes
de mandarina y bombas en los hospitales. Muchas personas son el resultado
de una mala química, pero el hecho de que haya tantas tragedias en el mundo
no me impide que odie los zapatos de rejilla y los bares con ensaladillas
podridas en el mostrador y el suelo cubierto de aserrín con cáscaras de
mejillones. El infierno también se compone de minúsculas cosas que a uno no
le gustan: los músicos callejeros que utilizan grandes bafles para pedir limosna
tocando un bolero, los intelectuales sesentones que todavía usan pantalones
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vaqueros muy ceñidos, los besos en la mejilla demasiado húmedos, los huesos
de aceituna sobre el mantel, chuparse la yema del dedo para pasar la hoja del
periódico, los que riñen con el camarero, las cubiertas de los libros con títulos
dorados en relieve, los calcetines blancos en invierno, el chándal para dar la
vuelta a la manzana los domingos, los nombres que salen en negrita en
cualquier artículo. El infierno de cada día también es eso. »
Manuel Vicent: Para huir / El rechazo
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